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Bicentenario

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Horacio Hernández Anguita
Licenciado en Filosofía UC. Desde Talca
hhernana@uc


Ya están los aires de fiesta. La prensa, los noticieros de radio y televisión registran y promueven las actividades. Hay ánimos de conmemoración. Nadie puede quedar al margen. Por ahí una iniciativa. Más allá, concursos, investigaciones y foros académicos, o convocación a creaciones artísticas.
El patrimonio despierta a la memoria. El suceso envuelve y convoca a todos. Claro está, tampoco falta la insoportable propaganda mercantil que sólo repite “bicentenario” para ofrecer sus productos y ganar consumo. Con todo, la Patria necesita de sus hijos para hacer más consciente su realidad y destino, su fisonomía y vocación de ser. El Bicentenario de los comienzos de la República independiente en Chile una oportunidad para ello.  Porque la Patria guarda en su alma la huella de tantos que la han configurado. Los hombres y mujeres que la constituyen son una cadena de generaciones entregadas. Hay hechos grandes y pequeños, propios de la vida histórica. Existen eventos políticos que dieron forma a las instituciones de la República. La sociedad chilena adquiere nombre en algunos personajes representativos y acuña sus costumbres en el campesino, el minero nortino, el magallánico del sur, el comerciante, el profesor, el empresario, el obrero. Está, asimismo, el escritor que relata la historia, el poeta que canta sus versos y el santo o santa que se ofrenda y da vida de espíritu.
Cada cual ha dado su aporte y sembró con dedicación esperanzas.  Tampoco faltan las heridas y discordias en la nación nuestra: los conflictos de intereses, las revoluciones, las pugnas políticas, ideológicas y fratricidas, como también las controversias de integridad territorial con su impronta de sangre y muerte. Aquí está el testimonio de los héroes: que lo son por la manera de encarar el momento hasta el grado señero de ofrenda, convencimiento y decisión, con el íntegro desprendimiento de sí. Dejando, así, su patrimonio sagrado.
Se agregan, asimismo, las circunstancias económicas que hicieron próspero al país con éxitos en la producción y el trabajo, produciendo riqueza y adelanto a los habitantes. Pero además ha habido crisis, luchas y especulaciones agobiantes, con su secuela de ruinas, hambre y familias desheredadas.
Como sea, el Bicentenario aviva la memoria.  Es que sin pasado consciente el país no tiene futuro ni proyección. Por eso, celebrar por estos días doscientos años de los inicios de la Independencia es recordar nuestro pretérito para atender a su actualidad y vigencia. Recordar es una forma de agradecer a los que nos han precedido con sus esfuerzos y sacrificios, con su lucidez y talante. Volver la mirada a los creadores y artistas que han pintado o escrito el alma nacional, permite que el horizonte se amplíe y no se reduzca a círculos herméticos de privilegiados.
Esta conmemoración de septiembre despierta sueños recónditos. Debemos adquirir un exigente compromiso: hay que trabajar por crear condiciones para que Chile dé un salto de calidad, entre a una nueva época, donde la dignidad de sus habitantes sea un valor consagrado, y se traduzca en calidad laboral, oportunidades más amplias en la educación, diligente salud y vivienda sin exclusiones. A fin de cuentas: justicia que honre a los ciudadanos, manteniendo siempre viva la solidaridad. El Bicentenario debe ser, por tanto, un paso adelante en cultura y desarrollo humano.

 
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